El informe «Pobreza y vivienda en Chile» (TECHO-Chile, junio 2026) cruza datos de la CASEN 2024 y el Catastro Nacional de Campamentos MINVU 2022 para analizar la relación entre pobreza y carencia habitacional. Su punto de partida es una paradoja: mientras la pobreza nacional baja (17,3% por ingresos) y el déficit habitacional cuantitativo se reduce, los campamentos han crecido sostenidamente hasta 120.584 familias, sobre todo desde 2020. El estudio muestra que la informalidad residencial concentra niveles de pobreza muy superiores al promedio: 57,8% en hogares en ocupación irregular y 66,5% en campamentos, frente al 17,3% nacional. A partir de esto, propone entender la «pobreza habitacional» como un fenómeno propio que combina materialidad de la vivienda, seguridad de tenencia, capacidad económica y entorno, y que requiere políticas más allá de la sola provisión de viviendas.

