Tras los incendios que afectaron a Ñuble y Biobío, cientos de familias debieron enfrentar no solo la pérdida material de sus hogares, sino también el desafío emocional de reconstruir sus vidas. En medio de la emergencia y la incertidumbre, la fortaleza familiar se convirtió en el principal motor para seguir adelante.
“Yo creo que mi aporte para levantarme fue mantener a mi familia unida. Mis hijos me dicen: ‘mamá, si tú no estuvieras acá, no podríamos mantener el espíritu en alto’. Me recuerdan que la fortaleza está en mí. Yo me siento débil, quiero tirar la toalla, pero como mujer uno es fuerte y luchadora” comenta Teresa Silva.
Historias como la de Teresa reflejan que la reconstrucción va más allá de levantar una vivienda: también implica recomponer vínculos, recuperar la esperanza y encontrar fuerza en quienes están al lado. En medio de una tragedia que marcó a cientos de familias, la resiliencia se transformó en una herramienta clave para seguir avanzando y construir, paso a paso, una nueva oportunidad de vida.




