Entre enero y abril, más de 1.700 jóvenes voluntarios de TECHO-Chile se movilizaron para levantar las 302 viviendas de emergencia destinadas a familias afectadas por los incendios. Un trabajo que no solo permitió reconstruir hogares, sino también acompañar y sostener a quienes lo perdieron todo durante la tragedia.
“Le quiero dar las gracias a mis niños que estuvieron acá. Ellos saben que me costó mucho decirles adiós porque les tomé un cariño tan grande que siempre los voy a llevar en mi corazón, porque cada tabla y clavo que ellos pegaron acá, lo hicieron con cariño. Después de todo, esta juventud debería estar pasando sus vacaciones, sin embargo, están acá”, relata Pilar, vecina de la región de El Biobío.
La experiencia de Pilar refleja el impacto humano que deja el voluntariado en cada proceso de construcción. Durante cuatro meses, más de 1.700 jóvenes pusieron su tiempo, energía y compromiso al servicio de familias afectadas, demostrando que reconstruir una vivienda también significa reconstruir vínculos, comunidad y esperanza.


Conoce más sobre la historia de la señora Pilar en el siguiente video.


